EL CRÍTICO FANTASMA

Bienvenidos a mi mundo.

jueves, 9 de febrero de 2012

Big Fish: De peces, casualidades y magia va el asunto.

   En el día de la boda con su prometida Josephine, Will no puede sentirme más abochornado: su padre, Edward, una vez más, acaba por robarle el protagonismo. ¿Y para qué? Para volver a contar una historia tan vieja y repetida como él sobre cómo capturó un pez “impescable”. Es por ello por lo que toma cartas en el asunto y le llama la atención, lo que hace que ambos dejen de hablarse. Sin embargo, una carta de su madre obligará a Will a volver al hogar paterno debido a que Edward se está muriendo.



  Durante su estancia, el anciano no desaprovechará ni un solo momento para relatar su historia, una historia llena siempre de magia y fantasía que parece fascinar a todo aquel que la escucha salvo a si hijo, hastiado de dichos elementos.



   Después de pasar tres años metido en una cama debido a un súbito caso de gigantismo, el joven Edward pasa la mayor parte del tiempo con sus amigos hasta que una noche visitan la casa de una bruja de la que se dice tiene un ojo de cristal que muestra cómo morirá aquel que se asome a su interior; tras ese momento, el chico perderá sus miedos y se convertirá en una persona altamente exitosa.



   Se hará amigo de un gigante llamado Karl y, tras adentrarse en un oscuro bosque y descubrir una ignota ciudad de fantasía, llegará a un circo donde conocerá al amor de su vida. El jefe de pista hace un trato con Edward y por cada mes que éste trabaje gratis en el circo, él le contará cosas sobre ella.



   Sin embargo, a cada día que pasa, Edward se pone más nervioso y al final decide exigirle al jefe de pista que revele una información que sea verdaderamente importante, pero cuál será su sorpresa que descubre que éste es un hombre lobo, así que tras salvarle la vida (y su dignidad al día siguiente), el trato terminará y el joven puede buscar a su amada sabiendo todo lo necesario para cortejarla.



   Tras conocerse y tener algunas que otras vicisitudes, Edward y la joven, Sandra, se casan, pero es en ese momento en el que el chico debe partir a la guerra, cayendo tras las líneas enemigas y siendo salvado por unas bailarinas siamesas coreanas que le ayudarán en su largo y penoso trayecto a casa.



   Será a la vuelta de su misión cuando las cosas empezarán a acelerarse: Edward se convertirá en vendedor ambulante y ayudará a un amigo que conoció en Espectro (la ciudad que descubrió años atrás) a hacerse millonario con la especulación del petróleo.



   Will, cansado de las fantasías de su padre, pasará su tiempo ordenando el trastero y descubrirá un contrato de arrendamiento en el cual figura la localización de Espectro. Extrañado, irá al lugar y conocerá a Jenny, una mujer que de pequeña se enamoró de Edward, y que le revelará que parte de lo que le contó su padre es cierto, y que de hecho, fue él quien compró Espectro para evitar que entrara en bancarrota tras la crisis financiera.



   A la vuelta, el joven descubrirá que su padre ha sufrido un infarto y que le queda poco para morir. Ambos hacen las paces y Will le contará una última historia sobre cómo ambos escaparon milagrosamente del hospital para reunirse en el río con toda la gente a la que Edward conoció durante su vida y ahí convertirse en pez.



   Poco tiempo más tarde, durante el funeral del viejo, Will descubrirá a una serie de personajes peculiares de entre los que destacan un gigante, un jefe de pista o siamesas coreanas, dando a entender que tal vez aquellas historias que le contó su padre podrían no ser tan falsas como él creía.






   Antes de empezar con la reseña en sí, quería dejar claro que si hago esta crítica ha sido bajo una doble petición, y más grave aún, esperando mis contratantes que, o diga lo mala que me ha parecido la peli, o lo estupenda que ha sido, lo que dificulta mucho mi labor. Y más aún cuando mi opinión dista increíblemente de tales extremos.
  



   Tal vez el mayor aspecto positivo de la película sea su apartado visual debido al uso de colores vivos y brillantes (destaca el pueblo de Espectro) junto con formas vagamente geométricas (todo lo relacionado con las siamesas tiene forma de corazón, por ejemplo) de los que hace gala el metraje, con un estilo extravagante que termina de darle un aspecto fantástico a la historia pero sin la necesidad de utilizar demasiados efectos digitales, y es ahí donde reside la magia de esta película, en la imaginería, y no cabe duda de que si esta película hubiese sido filmada en blanco y negro, el resultado habría sido muy diferente.






   Sin embargo, esto también se vuelve un arma de doble filo cuando descubrimos que la película por sí sola, y más argumentalmente hablando, no se sostiene, quedando entonces una sucesión de colorines y formitas hechos con el único motivo de distraer al espectador ante la falta de argumento o la lógica de éste.



   Me explico: la historia en general trata sobre la reconciliación de un padre y un hijo debido a que éste tiene la sensación de haber vivido engañado toda su vida ya que su padre parece tener la fea costumbre de mezclar realidad con fantasía hasta el punto de que no se sabe hasta qué punto son ciertas esas historias. Vemos entonces un patrón que se va repitiendo a lo largo de todo el metraje, y es que ocurre una cosa que al viejo Edward le recuerda algo y se pone a contar una historia hasta que Will protesta por la falta de veracidad de ésta.



   Notamos entonces un esfuerzo especial de la película por dejar al chico como una especie de amargado impaciente y sin imaginación en contraposición con el resto de espectadores, como Sandra o Josephine, pero es que uno no puede dejar de hacer de abogado del diablo porque es que su postura es la única que tiene sentido, porque es lógico pensar que una persona se aburra tras escuchar mil veces la misma historia de siempre, y peor aún es cuando está tan adornada que eres incapaz de saber qué es cierto o no. Es por eso por lo que Will tiene la sensación de no conocer a su padre porque, por real que pueda ser una historia, es imposible poder pasar a creérsela a pies juntillas cuando en ella aparecen brujas, gigantes y demás fantasías, y no es hasta el final de la película cuando podemos observar que algunos de los personajes existieron en realidad.



   Esto, sin embargo, no hace más que aumentar nuestras dudas, pues el hecho de que existieran determinadas personas sólo prueba parte de la veracidad del asunto: de acuerdo, el gigante existe, el jefe de pista existe, ¡las siamesas coreanas existen!, pero eso no prueba que cosas como que unas moscas se llevaran el coche de Edward en volandas, o que una tormenta inundara un bosque y allí apareciera una sirena, el súbito gigantismo o cosas como que por el amor de una persona a la que desconocen, las floristerías de cinco estados hayan agotado sus existencias para plantar lirios frente a una casa del campus. Simplemente, no.



   Y sí, es frecuente pensar, “es realismo mágico, no tiene sentido” o “al tratarse de una historia fantástica, hay que suspender la incredulidad”, pero es que hasta esos pensamientos son erróneos cuando nos damos cuenta que la película se ambienta en nuestro mundo diario y que en cierto modo también compara los modos de vida de Will y Edward, porque un mundo mágico seguirá siendo mágico pase el tiempo que pase, y las cosas fantásticas que le pasaron a Edward bien podría pasarle a cualquier otra persona, pero no, es que sólo le pasan a él. ¡Sólo le pasan a él! No vemos más testimonios por parte de nadie que afirmen lo fantástico que es el mundo de la película (no cuento a Jennifer porque sólo da a entender que ella también existe y que hubo una vez un pueblo llamado Espectro, nada más), ni siquiera vemos a Sandra, la mismísima esposa de Edward y fuente de las motivaciones de éste, apoyarle; ella se queda ahí, en silencio, con cara de haberse tragado una estaca mientras su hijo increpa a su marido llamándolo mentiroso. ¿Qué debemos pensar entonces nosotros como audiencia?



   Y sin salir demasiado del tema de los personajes, cabría destacar que, al igual que la película intenta poner a Will poco menos que como una especie de villano por no creer en cuentos de hadas, peor es el intento por dejar a Edward como una persona entrañable. Edward no es entrañable, y da igual lo protagonista que sea, es soberbio, pesado e infantil, y le da igual estropear eventos o situaciones con tal de convertirse él en el centro de todas las miradas, pero esto no va ligado únicamente a la escena del banquete de bodas, no; destaco también una parte en la que está la familia cenando y Will menciona que a Josephine le han otorgado un premio por un reportaje fotográfico que hizo. ¿Cómo reacciona Edward? Mirando a la joven con condescendencia durante tres minutos de tenso silencio, casi como si le estuviera perdonando la vida, con una mueca que parece que se hubiera comido una estaca y, tras ese momento de incómoda incertidumbre, el anciano empieza a contar una historia de cómo se encontró una vez con una tribu de loros congoleños que hablan en francés de todos los temas excepto de religión, “porque uno nunca sabe si podría ofender a alguien”. ¿Qué leches tiene que ver eso con Josephine? ¿Qué le importan a esta chica los loros congoleños? ¿Cuándo ha estado Edward en el Congo? ¿Por qué se saca Edward esa historia de la manga? ¿Por qué la joven acaba poco menos que ilusionada por semejante acto de mala educación?






   Aquí entramos en el apartado de las moralejas, y es que de esta historia se dice que debe tener alguna enseñanza, pero es que es una película tan confusa que es imposible saber qué te quiere decir. ¿Acaso la moraleja es que los sueños pueden hacerse realidad si creemos en ellos? No puede ser, ya que es IM-PO-SI-BLE que sólo una persona en todo el vasto mundo haya tenido una vida tan maravillosamente fantástica, y de hecho, a Edward no le hacía falta creer en nada ya que la mayoría de las cosas se las encontraba de casualidad: la vida de Edward es una sucesión de casualidades.



   ¿Significa entonces la historia que debemos vivir una vida sin miedos y sin preocupaciones como Edward? Tampoco, ¿por qué? Porque resulta que si Edward no supiera que moriría de viejo, jamás en la vida habría hecho nada con su vida, y no todos tenemos una bruja en el pueblo que nos diga que moriremos de viejo. Es más, ¿qué pasa entonces cuando resulta que no te va a tocar morirte de viejo? ¿Y si te mueres sin llegar a los 20, o a los 30, como le pasó al amigo de Edward? De nuevo entramos en el tema de las casualidades, pues incluso si la visión del ojo de cristal fuera falsa, vemos que Edward llega a morir de viejo: no hay nada que pruebe que dicha visión es cierta. Peor aún, pues si creemos de verdad que moriremos de viejos y comenzamos una vida de locuras, lo más probable es que nos matemos o acabemos muy mal parados. No digo que haya que vivir con miedo siempre, pero sí que tampoco tiene sentido vivir sin él, y más cuando tu única motivación es una profecía.



  ¿Tal vez la moraleja sea “aprovecha al máximo todo el tiempo que puedas con tus mayores”? Puede ser, quizás, pero tampoco podemos tirar por ahí, ya que no todas las familias son iguales, y por mucho que queramos aprovechar el tiempo con nuestros seres queridos, es muy difícil disfrutarlo si resulta que tu padre no sólo es incapaz de distinguir ficción de realidad, sino que encima es una persona tan ansiosa de protagonismo que siempre anda al acecho de cualquier momento para contar sus batallitas, sea o no el momento apropiado. ¿Cómo es “disfrutable” una persona tan maleducada?
  



   En resumidas cuentas, Big Fish es una película ciertamente entretenida con un apartado visual tan sorprendente como extravagante, pero que cojea en términos de calidad narrativa. Podría decirse casi que es como Forrest Gump pero con toques descabellados de fantasía. No es mediocre pero tampoco del todo buena (y mucho menos horrible, para nada), es simplemente un pasatiempo visual y agradable, más si no eres alguien a quien decide gustarle lo que ve sin intentar sacarle la lógica o el sentido.

jueves, 10 de marzo de 2011

¿Quién dijo que engancharse al ordenador es malo?


VENTAJAS: El apartado técnico, profundidad argumental.
INCONVENIENTES: Demasiado melodramática, sus visión demasiado estereotípica del uso de las nuevas tecnologías. 
   Maravillosa, colorista, conmovedora“Summer Wars” merece todos esos calificativos y muchos más. La última creación del japonés Mamoru Hasoda, director de la inolvidable temporada “Digimon Adventure” (Toei Animation, 1999), la… pasable “Our War Game” (20th Century Fox, 2000) y otras obras como la siniestra “One Piece: El Barón Omatsuri y la Isla Secreta” (Toei Animation, 2005)  y “The Girl who leapt through Time” (Madhouse, 2006), se ha vuelto a superar en todos los sentidos, y es que “Summer Wars” es una película que, a pesar de ser de animación, no dejará indiferente a nadie.

      La acción nos traslada al mundo virtual de Oz, una red social que en muy poco tiempo ha conseguido absorber al resto de formas de comunicación online, convirtiéndose en el principal protocolo de intercambio de información. En ella, las relaciones personales son rápidas y eficaces, y numerosas empresas tienen su núcleo aquí gracias a su fácil utilización, la traducción instantánea y por ser capaz de manejar al mismo tiempo transacciones monetarias y complejos centros de ocio, ya emulen deportes, juegos de mesa o auténticas arenas de combate, y todo ello dentro de la misma esfera de información que forma este vasto mundo digital. Pero no toda la película se basa en las aventuras de los protagonistas dentro de la red, sino que por otra parte tenemos las vivencias de éstos en el mundo real.

   El argumento nos presenta a Kenji Koisho, un estudiante de 17 años que, aunque es un genio de las matemáticas, no suele ser demasiado bueno en las relaciones sociales, por lo que pasa la mayor parte del tiempo en Oz con su compañero de habitación. Es verano, y Kenji no tiene nada que hacer y nadie con quien pasar sus vacaciones, momento que aprovecha su amiga (y amor platónico, todo sea dicho de paso) Natsuki para invitarle a pasar el verano con ella en una mansión que posee su familia, y es que Natsuki pertenece al clan Jinnouchi, uno de los más antiguos de Japón y cuya líder, la nonagenaria Sakae Jinnouchi, posee una enorme influencia que llega hasta las más altas cúpulas del gobierno.

   Una vez allí, Nasuki explica a Kenji la verdadera razón por la que le ha invitado: para que se haga pasar por su novio con el fin darle una alegría a su abuela el día de su cumpleaños, momento en el que todo el clan se reúne para festejar y rememorar viejos tiempos. Esto produce un gran shock en el chaval, que se ve abocado a retirarse a Oz el mayor tiempo posible para no fastidiar su tapadera, y es entonces cuando una noche recibe un extraño mensaje en forma de código matemático, el cual resuelve. Lo que no sabe es que lo que acaba de resolver es el código maestro de seguridad de Oz para una IA conocida como LOVE MACHINE, que rápidamente comienza a consumir toda la información de los usuarios, a convertir la red en un auténtico campo de batalla y a colapsar todos los servicios que dependen de ella. Es en ese momento en el que Kenji, junto con el clan Jinnouchi, deberán hacer frente a esta crisis mundial.

   Uno de los mayores aspectos a tener en cuenta en esta película es todo el apartado técnico, y es que Hasoda tiene la habilidad de dar vida a sus personajes a través del movimiento. Los personajes se mueven continuamente, incluso cuando no hacen nada, algo que es llamativo y que entretiene la vista. La calidad gráfica es magnífica, tanto en colorido como en otros aspectos visuales, estando a la altura de otras superproducciones cinematográficas.

   Además, una de las cosas llamativas es la posibilidad de dividir en dos partes la película, y no me refiero a la alternancia Mundo real-Oz/Oz-Mundo real, sino que la primera mitad del metraje se asemeja al formato de una comedia, en la que todo es colorista, simpático y en movimiento con gran predominio de la música para luego pasar a un mundo lento, trágico y sobrecogedor en el que abundan los silencios.

   También cabría destacar el doblaje de la película, muy bien conseguido en formato original y a lo mejor algo “sobrado” en el estadounidense, pero que de todas formas consigue adaptarse al tipo de personajes de la película, cada uno de ellos siguiendo sus propios estereotipos pero que acaban siendo inolvidables. Siendo así, no veo la necesidad de crear un apartado para definirlos ni contar sus vidas porque sería rizar el rizo.

   Cambiando de tema, seguro que alguien ya se habrá dado cuenta en que anteriormente haya usado el término “mundo digital” para referirme a Oz, y no es que lo haya dicho de casualidad, sino que “Summer Wars” es el primer largometraje de la franquicia Digimon. Por supuesto, estoy hablando de aquello que allá por el 2000 vino a Estados Unidos y Europa como “Digimon, the movie”, que no era, nada más y nada menos, que la unión de las tres primeras películas basadas en las serie, y más específicamente el “segmento” de Hasoda, la película “Our War Game”, segmento que estoy seguro el público recordará más que las otras dos partes debido a que tanto su historia como su apartado técnico se alejaba en gran medida de la tónica habitual de la franquicia.
  
   Esta explicación viene a que Hashoda tenía como objetivo rehacer su película desde el principio para contar la historia de la manera que él verdaderamente deseaba, aunque por supuesto ambas películas son idénticas argumentalmente. De todas formas, tampoco es algo que pueda criticar porque “Summer Wars” es un millón de veces mejor que su antecesora espiritual y es ese el motivo por el que fue hecha: demostrar que puede crear grandes historias de forma independiente a franquicia alguna y demostrar su valía para crear historias, ya estén basadas en conflictos de internet o conflictos en el mundo real.

   Lo importante es que lo que ocurre en el mundo virtual es sólo una pequeña parte del argumento, y sirve sólo para sorprenderse. La parte que más peso tiene desde mi punto de vista es lo que sucede fuera de la pantalla del ordenador, la visión del mundo de esta peculiar familia, con sus ovejas blancas y sus ovejas negras, con sus verdades y sus mentiras, en la que todos aportan su granito de arena a la historia, aunque esto tampoco sea nada nuevo o revolucionario, pero es que tampoco importa la falta de novedad: es una historia conmovedora que se centra en la importancia de mantener a tu familia unida y a tus amigos cerca de ti, pero con la característica propia de que no llega a sermonearte en la cara ni su objetivo tampoco es criticar internet, para nada, aunque sí sea cierto que abuse de la estereotipia del clásico nerd o de los freaks informáticos (tan solo hay que ver a los chavales que no se despegan de la consola ni un segundo).
  
   La profundidad de sus escenas y la sutileza de sus diálogos hacen que sea entendible para niños y emotiva para adultos. Como he dicho antes, no es que vaya a revolucionar el mundo ni a contarnos algo que no sepamos, pues sigue siendo una película para niños, pero es totalmente recomendable de ver se tenga la edad que se tenga.

sábado, 19 de febrero de 2011

La lucha entre el Bien y el Mal se desarrollará aquí, en Madrid.

   Aunque a mí no me vaya este tipo de series y aunque sabía muy bien lo que me iba a encontrar, he de decir que “Ángel o Demonio” me ha gustado un poquito. La verdad es que es bastante entretenido a pesar de sus múltiples carencias y es una buena opción de entretenimiento cuando el resto de cadenas te fallan.

   El argumento trata sobre sempiterna la lucha entre el Bien y el Mal, la cual ha llegado a nuestros días. La protagonista, Valeria Gascón,  es elegida por las fuerzas del Bien para convertirse en un ángel de la guarda mientras lidia con los problemas “típicos” (véase “los temas cliché de la ficción adolescente”) de una chica de su edad: chicos, notas, amigas, drogas, bulling, etc. Su trabajo consistirá en llevar por el buen camino a una serie de personajes para salvar sus almas y evitar que los malvados demonios se salgan con la suya.

   Aunque a primera vista esto pueda parecer (sobre todo para aquellos que crecimos viendo “Buffy Cazavampiros” o “Embrujadas”) la cosa más emocionante y prometedora de la historia de la televisión, luego vemos la verdadera mecánica de cada capítulo, y es que cada uno de ellos se mueve de forma bastante similar, con la presentación de la persona a la que salvar, la parte en la que los demonios engañan a dicha persona para corromperla y los intentos de la pobre Valeria por solucionar (mediante el diálogo y el talante) los problemas que sus enemigos han causado a la vez que intenta llevar a buen puerto su romance con Damián (macizorro de turno por el día, demonio de incógnito de noche).

   En su totalidad, la serie es lenta, muy, muy lenta y carece totalmente de cualquier sentido del ritmo o la acción. Y es que no pasa nada de interés en ningún capítulo, pues todas las historias son autoconcluyentes y lo único que dura cual conejito de Duracell es el pasivo romance Valeria-Damián, en donde ninguno de los dos se decide a dar el primer paso, quedando como resultado el inicio de una posible telenovela adolescente con tintes místicos y poco más (esperemos que no se haga realidad).

   Volviendo al tema de la acción, he de decir que de eso hay poco o nada; lo único que hacen es hablar, discutir, dialogar… a veces cae un bofetón  y tal, pero nada más. Ah, y por supuesto, si alguien busca efectos especiales en esta serie que sepa que como no le guste ver a personajes moviéndose en intervalos de dos segundos a cámara rápida y gente siendo arrastrada por hilos pues no sé qué hace aquí.

   Y es que en general todo es rematadamente soso en esta serie, incluso algo tan molón como podría serlo una guerra de ángeles y demonios. No esperéis a ver alas brillantes, arcos, rayos o poderes mágicos, pues recordad que estos ángeles son de la guarda, es decir, del tipo que te dicen lo que está bien y lo que está mal. Hasta los villanos son aburridos, pues lo único que hacen es susurrar a la gente que haga cosas malas. ¿Alguien ha visto en los dibujos animados cuando un personaje tiene una duda moral y aparecen un ángel y un demonio en miniatura que le dicen que haga esto o lo otro? Pues aparentemente han hecho una serie sobre eso.

   Aún así y con todo, la serie puede salvarse debido a que acaba siendo algo entretenida. No algo que ver religiosamente todos los días que la echen pero sí cuando en el resto de cadenas no ponen nada interesante. Además de que hay también otra cosa que, o al menos desde mi punto de vista, es interesante: los demonios. Sí, amigos, y es que a pesar de que lo único que hagan sea corromper a la gente, si hay algo que merezca la pena ser nombrado por ello es el estilazo y los looks tan fashion de esta gente, que van súper elegantes hasta para sacar al perro. Eso y la líder (a día de hoy) de los malos: una niña diabólica que recuerda a las entidades malignas de Stephen King y que es capaz de crear situaciones bastante peculiares debido a su naturaleza demoníaca, ya que no actúa como lo haría una niña de su edad (aparentemente tendrá unos 7 u 8 años pero en realidad tiene 600), además de que se ve que la actriz que la representa se mete muy bien en su papel, es más, diría que es la única persona en toda la serie que sabe actuar, y eso que tenemos aquí metida a Mar Saura.

   En resumen, “Ángel o Demonio” es un buen pasatiempo cuando no haya nada mejor que ver, una idea con una premisa muy buena pero que no se le ha sabido sacar mejor partido.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Top 8: los peores libros que habré leído nunca

8-Niyura, la corona de los elfos, de Jenny Mai-Nuyen: No deja de parecerme curioso el incluir este libro en la lista, pero comparándolo con otros muchos que he leído, supongo que este lo merecía más que ninguno.

No es que <<Niyura...>> sea terriblemente malo, pero tampoco es que sea bueno, sino que es más bien mediocre, un intento de crear un mix de <<El Señor de los Anillos>> y cualquier patochada romanticona (sin llegar a los límites tan absurdos que nos propone <<Memorias de Idhún>>, por supuesto), y es que la historia es simplona, las situaciones son ridículas, la historia de amor está cogida por los pelos y los peligros se solucionan mágicamente. Los personajes, además, son planos y más de la mitad de ellos tienen un papel bastante poco remarcable (incluso dentro del grupo de protagonistas, de los cuales más de uno parece que está ahí para adornar).

La historia, aunque interesante en un principio, cae por su propio peso en los clichés de un más género infantil que juvenil (mil y una razas de elfos cada cual más pedante y racista para con los humanos y semielfos, bosques mágicos/encantados/malditos, la chica pura, el ladrón jocoso, los hermanos mal avenidos, el súcubo...) y con un estilo muy mejorable, amén de que el final deja muchos cabos sin atar, quizás a propósito para entrever una secuela en el caso de que esta obra se convierta en un best seller (que, afortunadamente, nunca lo fue ni lo será).

El argumento gira en torno al robo de la Corona de los Elfos, un artefacto con el extraño poder de controlar mentalmente a los elfos, los cuales empiezan a comportarse de manera extraña. Al mismo tiempo, los dioses encargan la misión de investigar el asunto a una pobre semielfa desertada por los propios elfos por motivos raciales. Serán entonces cuando conozca al resto del elenco (los personajes tan dispares antes mencionados) e intentarán abortar los planes del malhechor de turno.

7- Duma Key, de Stephen King: Me duele (o dolería) en el alma poner algo del tito Esteban Rey en esta lista, pero cuando la verdad se desvela, lo peor que puede hacer uno es callar.

La penúltima obra de King es un tocho de ochocientas páginas, de las cuales uno puede prescindir de unas quinientas-quinientas cincuenta, pues no son más que mero relleno que no aporta nada al argumento o al desarrollo de los personajes.

<<Duma Key>> gira en torno a un hombre que pierde un brazo en un accidente y las secuelas de ello casi le vuelven loco, hasta que su médico le aconseja irse de vacaciones a algún sitio a realizar su mayor pasión. Resulta que al tipo de gusta pintar, por lo que viaja a Duma Key, una península ficticia en las costas de Florida para dar con sus huesos en la Big Pink, una casona que antaño alojó a otros muchos pintores. En poco tiempo, el talento de este hombre le otorga una gran fama, pero pronto descubrirá que las pinturas que hace ocultan un grave secreto...

Como podemos ver, ésta no es más que otra típica historia de King sobre dones que resultan ser una maldición, pero escrita de una forma tan sosa que aburre a las ovejas. La historia es extremadamente simple, los giros argumentales son predecibles, el ritmo es lento, el relleno es extenso y la parte que más chicha tiene son las últimas cincuenta páginas (de ochocientas y pico).

6-La Esencia del Mal, de Sebastian Faulks: Que a nadie le engañe la portada porque de James Bond este libro sólo tiene el nombre. Si ya era pobre el estilo de Fleming (creador del agente "secreto" más famoso y carismático de todos los tiempos), es que no habéis visto el estilo de Faulks.

Prometedora gracias a una sugerente portada, <<La esencia...>> nos muestra a un Bond retirado temporalmente del servicio activo por sus numerosos excesos y el estrés acumulado por sus últimas misiones hasta que recibe una nueva misión: detener a un tal Julius Gorner, un individuo con más carreras que las que se puedan jamás abarcar en una sola vida, que pretende enviar un cargamento de droga a Inglaterra. Por el camino, conocerá a la chica Bond, una joven con el complicado nombre de Scarlett Papava.

El
libro, si bien es corto, también es aburrido. Los diálogos son vergonzantes, la acción es sosa (siendo el punto álgido del libro un partido de tenis entre Bond y el malo que dura unas ¡quince páginas!), la traducción al español es pésima, los lugares a los que viaja Bond parecen sacados de una guía de viajes más que lugares reales (aunque por supuesto tampoco faltarán los gustos caros y el derroche tonto de dinero) y el malo (con gran nivel cultural y deformidad con mano de mono incluida) no deja de ser un malo de chichinabo, un ridículo traficante de drogas pedante y relamido hasta decir basta, ¡anda, como esta obra!

5-La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa: Infinitamente tediosa y confusa, esta obra nos muestra el sórdido mundo de las academias militares chilenas del año de la pera, dejando de ser una novela en cierto punto para convertirse en “El perfecto manual del sádico psicópata de la clase”.

La historia está muy mal narrada (nadie debe de haber dicho a este señor que el lenguaje excesivamente culto cansa, y sobre todo que no pega con las situaciones que describe), las situaciones y acciones de los personajes son desternillantemente patéticas, el guión es tremendamente confuso y el ritmo es lento, muuuy, muuuy leeentooo.

Sin embargo, no todo es malo en la novela pues, al igual que <<Duma Key>>, el ritmo se acelera a partir de la segunda parte y la lectura se hace más sencilla, lo que no quita, sin embargo, que el libro entero sea una auténtica bazofia, lo que nos cabe preguntarnos: ¿cómo este señor ha conseguido un Premio Nobel, y sobre todo de Literatura?

4-MEG, de Steve Alten: El que fuera creador de la asombrosa saga de los mayas (<<El Testamento Maya>> y <<La Resurrección Maya>>) vuelve a sorprendernos esta vez con <<MEG>>, y "sorpresa" es la mejor palabra que se me ocurre para describirlo, pues esta decepcionante cosa no es más que un pobre desperdicio de papel. Parece mentira que provenga del mismo autor.

La historia va de un científico (un cripto-zoólogo, si mi memoria no me falla) que tiene que buscar a un bichejo parecido a un tiburón prehistórico que resulta ser el último espécimen de su especie y que se ha escapado del fondo de la fosa de las Marianas para devorar bañistas.

Aburrida, sosa, llena de tecnicismos, sinsentidos y explicaciones vacuas, <<MEG>> es sin duda una obra que merece la pena evitar.

3-Cualquier cosa escrita por Paulo Coelho: Otro que tal baila, un escritorucho del tres al cuarto conocido por darle un toque pseudo-filosófico barato a sus libros de autoayuda.

Ídolo de masas incultas, Coelho consigue que la cursilería, el papanatismo y la mediocridad sean su particular gallina de los huevos de oro. Supongo que tiene razón en eso de que "cuando deseas una cosa, el Universo conspira para que se haga realidad", sobre todo si deseas ser objeto de admiración como estandarte del comercialismo y la mediocridad.

2-Lágrimas de Cristal, de Natalia Martín García: Una vez más tengo que destapar la caja de los truenos, aunque esta vez sea para nombrar algo tan nimio, pueril y patético como su autora, Natalia Martín García, una pobre choni con alardes de súper-mega-híper-ultra escritora encantadísima de la muerte de conocerse a sí misma porque (¡jo, tía!) la han publicado un libro (¡albricias, como otros cientos de miles de escritores que hacen cosas mil veces mejor que ella y se lo tienen mil veces menos creído!).

“LdC”, o como la conocen en el círculo de la choni esta de pacotilla, “Jo, tía, ¿sabes cuál es la última obra de Mi Amiga La Escritora? ¿No?, pues no te preocupes, que te dejo aquí un enlace a una tienda online para que te lo compres así como su perfil de Tuenti por si quieres hacerle un poco la pelota, que eso le gusta mucho” tiene algo, no sé qué, que la convierte en una auténtica bazofia, quizás sea el estilo paupérrimo, los fallos gramaticales, las erratas causadas por una deficiente editorial [sí, señoras y señores, este libro está llenito hasta los topes de nombres (propios y comunes) mal escritos y faltas de ortografía] o la historia, que posee cierto… aire de “ya muy visto”. Pero no lean esto solamente, sino que vamos a echar un vistazo al “argumento”:

Vamos a ver, trata de una chica con poderes mágicos que vive en casa de sus odiosos tíos (creo que me huelo una demanda por plagio de una tal J.K. Rowling, quien quiera que sea. No sé, intuición) tras mudarse a un pueblecito del guano perdido de la mano de Dios donde conoce a un chico del que se enamora y que resulta ser poseedor de… ciertas habilidades (¿soy el único que piensa que esto es clavadito a <<Crepúsculo>>?) y que le pide unirse a una resistencia formada por otros niños para luchar contra un malvado nigromante que vive en un plano paralelo de la realidad (¡Dios, si hemos pasado de <<Crepúsculo>> a <<Memorias de Idhún>>! ¡Aaaaargh!). ¿Acaso no conoce esta niña el significado de la palabra “originalidad”, o el de “decencia”? ¿Acaso cree que somos tontos y que no nos íbamos a dar cuenta de esto? ¡Es que… es que… es que… no me salen las palabras para definirlo! ¡Y no sólo es una sucesión de plagios de obras más famosas, sino que además está tan mal escrito que te duelen los ojos, y encima cuesta mínimo diez euros! ¡Diez euros!, ¡habiendo libros infinitamente mejores y más baratos!

En fin, que mejor paso a otra cosa porque creo que me acaba de subir la tensión.

Y sin más dilación, pasamos a nombrar el último título de la lista, el peor de todos los libros jamás escritos, aquel que cuando lo lees te dan ganas de defenestrarte, aquel por el cual pides que vuelvan las piras de libros, aquel que pone la “M” en las palabras “mierda repugnante”. Y ese libro es…

1-Memorias de Idhún (y ya de paso cualquier otra cosa), de Laura Gallego García: Sonará suicida mentar esta saga en una lista como esta, sobre todo por la enorme secta que estos pseudo-libros han reunido, pero si por algo me conocen mis allegados es por tener criterio propio.

"MdI" no es más que la quintaesencia de la basura y la vulgaridad, una trilladísima historia sobre un trío amoroso más que revisto. Erróneamente tildada de "fantasía épica", "MdI" no es más que una novelucha rosa y su autora (la insípida, abominable y sumamente detestable) Laura Gallego García queda como la abanderada de la misoginia que es, una señora que debería haber nacido manca si en el mundo hubiera un mínimo de justicia.

Los libros son un trío de tochos infumables dentro de los cuales no ocurre absolutamente nada de interés salvo peleas absurdas entre los protagonistas, besuqueos, ñoñerías varias, charlatanería insulsa y fanservice, mucho fanservice, por no hablar del estilo simplón y repetitivo de esta supuesta "Rowling española". Sin duda alguna, la saga más sobrevalorada de la historia de la literatura y los peores libros jamás escritos.

martes, 9 de noviembre de 2010

BRII: La guerra contra los adultos... y la inteligencia.

   Esta sí, esta sí que sí. Señoras y señores, tenemos ante nuestras narices un bodrio infumable de los que hacen historia, una hecatombe cinematográfica en toda regla, una serie de despropósitos políticos por la que dan ganas de llorar, y es, sin duda alguna, una de las peores películas que jamás habré visto en mi vida. Esto no es la guerra, no; esto es terrorismo puro y duro, esto es Battle Royale 2: réquiem”.

   No sé siquiera ni por dónde empezar, porque podría tirarme toda la vida sacando defectos y moriría antes de rascar la superficie. Supongo que seguiré el orden de criterios que dan en Ciao.es para calificar las películas a ver si así me aclaro.
  
   Antes de nada, me gustaría hacer mención a la película anterior, “Battle Royale” y a su director, Kinji Fukasaku, que consiguió una gran fama gracias a este magnífico film basado en la novela homónima y que nos muestra un futuro distópico en el que Japón se convierte en una superpotencia mediante el endurecimiento de la sociedad, y ahí es donde entra la ley Battle Royale, que obliga cada año a un grupo selecto de alumnos a matarse entre ellos hasta que uno se erija ganador de aquel infierno. La película fue más que excelente y es considerada como de culto, destacando la temática controvertida y la sublime actuación de Takeshi Kitano.
  
   Sin embargo, lo que se nos muestra a modo de segunda parte es un subproducto carente de imaginación o ritmo que orgullosamente pierde los valores que hacía a su predecesora una gran película, dejando de ser una hábil mezcla de géneros para convertirse en una infumable producción pseudobélica con alardes de gafapastismo barato por la filosofía anarco-reaccionaria que rezuma.

   Empecemos por el “argumento”. Como el nombre indica, la película continúa con la historia de su predecesora, la fantástica “Battle Royale”, situándonos tres años después de los hechos ocurridos en la película anterior. En primer lugar se nos presentan las cosas como están ahora: mucho peor que antes, con Shuya Nanahara (el prota de la primera peli) convertido en un infame terrorista y una nueva serie de reformas en la ley Battle Royale, esta vez convirtiendo a los jóvenes elegidos (ahora lo explico más adelante) en mercenarios en lugar de obligarles a matarse mutuamente.
  
   Resulta que Nanahara, disgustado (o mejor dicho, enloquecido) por sus vivencias en la primera película, decide crear un grupo terrorista denominado “Wild Seven” conformado únicamente por supervivientes de las anteriores versiones de la Battle Royale con el fin de… ¡declarar la guerra contra los adultos! ¡¿Pero qué tontería es esta?! ¿Cómo narices van a declarar estos chavales la guerra a todos los adultos? El caso es que los chavalines estos se dedican a poner bombas por doquier y demás hasta que el gobierno japonés descubre dónde están escondidos: en una solitaria isla en medio del Pacífico. ¿Y qué hacen? ¿Invadirla? ¿Bombardearla? No, no, qué va; el plan es modificar la ley Battle Royale para que ahora los desgraciados de turno sean la carnaza que atraiga a los terroristas y les haga salir de la isla. Muy inteligente todo, sí señor.
  
   A esto se suceden una serie de anexos a la susodicha ley, cada cual más tonto que el anterior que, si lo pensamos detenidamente, haría fracasar la misión de los chicos obligatoriamente. No voy a entrar en detalles porque me queda mucha reseña todavía, pero mi anexo favorito es ese de que a los chavales que van a invadir la isla se les coloca unos collares explosivos conectados al collar de otro de sus compañeros, por lo que esta vez los chicos van por parejas, y si muere uno de ellos, el otro también. Vamos, que se prevé casquería a cascoporro (sí, me encanta la cacofonía: casquería, cascoporro, cascofónico… no, esa me la he inventado).

   Entrando ya en el argumento en sí, el comienzo de la película es un calco del de la primera, con escenas de batallas anteriores sacadas de la película original para después mostrarnos la clase que protagonizará semejante matanza siendo secuestrada por el propio gobierno, siendo llevada a unas instalaciones militares donde se les colocará los collares explosivos antes mencionados y se les explicará los objetivos de la misión. Este comienzo, seamos sinceros, no atrae nada: es un burdo plagio de la película anterior y los actores y sus acciones son… no hay palabras para describirlos (aunque lo intentaré más adelante), pero destaco aquí la horrible sobreactuación de Riki Takeuchi como el homónimo profesor hiperactivo y cabeza hueca. En serio, este tío es una de las razones principales por la que no ver esta película. Sí, él solito.
  
   Después de una enorme, monótona y aburrida lista con los nombre de los chavales y chavalas que van a participar en la misión (sí, tenemos que escucharlos a todos) y de otra oleada de actuaciones deplorables, pasamos a plagiar la escena del desembarco de “Salvar al soldado Ryan”, con más de la mitad de los alumnos muertos en el proceso (ya saben, eso de que si tu compañero muere, tú también) y casi la otra mitad cayendo en bochornosas trampas que hasta un niño de tres años sería capaz de esquivar.
  
   Y ya llegamos hasta el encuentro con los verdaderos protagonistas de la historia, Nanahara y su panda de criajos con síndrome de Peter Pan. Los terroristas, perdón, Salvadores de la Libertad, se deshacen de los, aparentemente indestructibles y muy volátiles collares explosivos que si uno se los intenta quitar explotan, y les cuentan porqué luchan. Ahora es cuando viene la parte de la propaganda política, con un discurso bastante demagogo sobre la defensa de la libertad mediante la propaganda del hecho o algo así como que “demostramos que el terrorismo es malo cometiendo actos terroristas” y llenándose la boca con frases filosóficamente baratas de tipo “sin guerra no hay paz” o “esta guerra la hacemos en nombre de los niños que sufren el horror de la guerra”. ¡Cágate, lorito!
  
   Ahora con el entuerto resuelto y con la más que probada inocencia y bondad innatas de nuestros entrañables salva patrias y cruzados, nos queda la última parte del metraje: el gobierno japonés por fin empieza a pensar con normalidad y, apoyados por los malvados Estados Unidos (resulta que son los malos desde el principio), deciden bombardear la isla, por lo que nuestro grupo de inocentes querubines debe escapar de la isla por un túnel subterráneo mientras que Nanahara y Aoi (el prota de la segunda película) entablan un tiroteo con los malos malosos, el profesor Takeuchi vuelve para darnos un poco más de vergüenza ajena, los chicos son rodeados por los enemigos y… y… y… no pasa nada. En la siguiente escena aparecen todos los personajes sanos y salvos, el director y los guionistas se saltan el tiburón con toda la caradura del mundo y fin de la peli.

   En cuanto a los personajes, tenemos:

*Shuya Nanahara: alias “el Majara” (jajo-jajota). Líder del grupo terrorista “Wild Seven”, conformado por los supervivientes de las anteriores entregas de la Battle Royale. Después de los hechos de la primera película emigra a Afganistán, donde se coge un “síndrome de Bin Laden” y declara la guerra a los adultos.

*Takuma Aoi: es el protagonista de la segunda película. Sin embargo, como personaje poco tiene que destacar, ya que no es más que un vehículo que nos lleva a la historia principal (si es que hay alguna porque yo no la veo por ninguna parte), que es la guerra de Nanahara contra el mundo.

*Shiori Kitano: la hija del profesor Kitano (el villano de la primera película), que se une al proyecto de esta nueva Battle Royale de forma voluntaria para luchar contra Nanahara. Es el típico personaje que promete mucho con su historia de venganza personal y demás pero que después no hace nada.

*Riki Takeuchi: el profesor de la clase elegida de este año y uno de los principales cánceres de esta película. No conozco la carrera de este actor, por lo que no puedo juzgar su modo global de actuación, pero su papel en esta película… ¡es deleznable! Intenta ser malo pero no llega ni a payaso. Lo único que hace durante el briefing es saltar, correr y gritar como un descosido, obligándonos a ver su espantosa (y descontextualizada) coreografía y a soportar su terrible verborrea para aparecer una vez más, justo al final, para hacer una vez más el ridículo disfrazado de jugador de rugby con una bomba de balón (en serio, no me lo estoy inventando).

   En cuanto a la banda sonora, ésta se compone de las piezas Dies Irae, del réquiem de Verdi; Farewell to the Piano, de Beethoven (interpretada por la misma Shiori) y varias canciones compuestas por Masamichi Amano, que trabajó en la banda sonora de la primera película.

   Terminado el apartado técnico, voy a repasar una serie de razones por las que la esta película no llega siquiera a mala, quedándose en un mero despropósito:

1-El argumento es flojo y falto de originalidad: copia vilmente a otras películas bélicas o thrillers, de entre las que destacan “Salvar al soldado Ryan” (atentos, vuelvo a decir, a la escena del desembarco), “Mad Max” o “Los chicos del Maíz” entre otras. Por otra parte, las subtramas se quedan en nada al poco tiempo de comenzar o acaban inconclusas: los problemas de Takeuchi, la “venganza” de Kitano o la coerción por la que actúa el gobierno japonés por culpa de los americanos (trama que contradice a la primera película, y por extensión a la obra principal) por citar unos ejemplos.

2-La trama principal sólo acumula respuestas sin responder: pongo unas pocas preguntas aquí por si alguien me las puede responder.

-¿Cómo se convirtió Nanahara en un terrorista y cómo llegó a tener unas ideas tan estúpidas? ¿Es acaso el mismo Nanahara que en la primera película se negaba a luchar e intentó unir a los chicos de la primera película para evitar un derramamiento de sangre o es que se llaman igual de casualidad?

-¿Cómo funciona el tema de la exterminación de todos los adultos? ¿Cuál es su objetivo principal? ¿Se suicidará Nanahara cuando llegue a la mayoría de edad?

-¿Cómo pueden pasearse los terroristas por todo Japón colocando bombas en edificios públicos tan tranquilamente si se supone que los supervivientes de la Battle Royale se convierten en personaje públicos? Es como si Belén Esteban fuera vista por los alrededores de edificios en los que, acto seguido, estallara una bomba.

-¿Por qué el grupo de los “Wild Seven” se queda en una isla? ¿No sería mejor que permanecieran constantemente en movimiento para evitar ser blancos fijos?

-¿Por qué el gobierno tiene tantas dificultades para derrotar a siete niños que apenas saben cómo manejar un fusil? ¿No podrían bombardear la isla dichosa y ya?

-¿Qué narices tiene que ver la aparición final de los Estados Unidos como los verdaderos villanos de la historia ésta?

-¿Por qué aparece Takeuchi al final de la película disfrazado de jugador de rugby para acabar inmolándose tontamente? No, bueno, esa no hace falta que la responda nadie.

-¿Cómo salieron Nanahara y Aoi de la isla, rodeados de soldados enemigos y sin munición?

3-El guión es altamente incongruente: aparte de las preguntas entes mencionadas, cabría destacar una serie de fallos argumentales bastante graves:

-Es virtualmente imposible enviar a un grupo de personas (sobre todo si son jóvenes y carentes de experiencia) a una zona de guerra, y más si el grupo está formado por parejas que dependen, literalmente, los unos de los otros (recordemos que si un compañero muerte la persona a la que está ligada también).

-Quedó más que claro en la película anterior que es casi imposible quitarse los collares explosivos si no es hackeando el ordenador principal que los controla a distancia, y cualquier intento de quitárselos (movimientos bruscos, taladros, sierras y demás) provocará una explosión, pero aquí vemos que los susodichos collares pueden quitarse taladrando. ¿Cómo es eso posible?

-Es una tarea irrealizable el controlar el “juego” de Battle Royale en medio de una zona de guerra. Los terroristas no son jugadores y pueden huir a cualquier parte de la isla, así que, ¿por qué establecer zonas en las que los jugadores no pueden pasar a riesgo de su muerte?

4-El ritmo narrativo decae a marchas forzadas: sobran algunas escenas y lo que podría ser perfectamente una horita de metraje se alarga hasta las dos horas.

5-Es vergonzosa la descarada apología del terrorismo de la que hace gala el metraje: y más si le añadimos una filosofía barata reaccionaria sacada de contexto como antes había mencionado. Queridos Fukasaku e hijo (que también está metido en el ajo tras la muerte de su padre), está muy bien que vuestra anterior película se haya convertido en una de culto por su carga política y demás, pero no podéis justificar el terrorismo sólo para que hablen de vosotros y de vuestra “película”.

6-Los actores son malos: el elenco es pésimo y los dos actores con meridiana experiencia, Tatsuya Fujiwara (Nanahara) y Takeuchi (el profesor), están alarmantemente sobreactuados. Nanahara parece un perturbado y Takeuchi parece que se haya tomado un cóctel de cocaína, anfetaminas y éxtasis antes del rodaje. Además, las líneas de diálogo son simples y predecibles. Por otra parte, destaco la personalidad de la mayoría de los figurantes (vamos, los que la palman antes de la mitad de la peli) como manida, ya que representan los tópicos de los alumnos de instituto: son góticos, emos, frikis, chulos de clase, cerebritos, etc., para acabar al final con los cuatro protagonistas, que son precisamente los que más faltos están de una personalidad propia, que no llegan ni a estereotipo siquiera.

7-La constante pérdida de valores: como ya dije antes, si por algo se caracterizaba la primera “Battle Royale”, era sobre todo por su enorme, a la par que brillante, mezcla de géneros (terror, acción, thriller, etc.) y su crítica social en contra de la educación tradicional de Japón, la guerra y la falta de oportunidades de los jóvenes en la actualidad, pero esta película, “Battle Royale 2”, no cumple estos requisitos, es más, traiciona los principios reinantes de su predecesora y sin un destino claro al que llegar: el único género es el bélico y la crítica se pierde en pos de la exaltación de aquello que el primer metraje tanto denostaba.

   En definitiva, “Battle Royale 2: Réquiem” resulta ser una pérdida de tiempo que no vale ni los disgustos que a uno de da, sobre todo si uno espera algo más que una película bélica de las malas. La película es sosa, aburrida, las lecciones y valores que representa no llevan a ninguna parte, el gore es baratucho, los fallos de guión abundan en sobremanera y las actuaciones son pésimas.

   “Battle Royale 2”, un auténtico insulto a los fans de la primera entrega. Sí, señor.


   Pd: Me sienta mal escribir cosas tan feas de un actor sin pruebas, por lo que hoy he decidido enmendar ese error poniendo este vídeo que demuestra claramente las "aptitudes" de este personaje. Disfrutad... si podéis.